
A medida que la Elegida avanzaba, buscaban la mejor manera de tomarla, para reunirla con las demás.
Conocían su ruta y sabían que una vez que cruzara la Calzada de los Misterios, podrían completar su misión, todo estaba en esperar el momento adecuado para sorprenderla, por lo que la seguían de cerca, después de todo, la oscuridad de la noche les brindaba el perfecto disfraz para no ser detectados.
Justo cuando esperaban lo que ellos creían que era el momento indicado, un grupo de criaturas bizarras frustraba sus planes, al ver que ella les ofrecía una ofrenda de sangre y violencia. Peor aún, la dejaban en compañía de un guardián.
Así, toda vez que ella se alejó, la frustración estalló, dirigiéndose a los cuatro sujetos que permanecían en la escena y a quienes sin piedad alguna, masacraban y desangraban, bebiendo el líquido como una recompensa por su atrevimiento de mancillar a la Ofrenda.
Todo sucedió muy rápido, tan rápido que los pobres travestis no pudieron siquiera reaccionar o entender que estaba pasando, mientras uno a uno morían en manos de esas sombras que de la nada cobraron vida.
Acabado el festín, sabían que debían apresurar las cosas, por lo que desviándose una cuadra y con el mismo sigilo con el que aparecieron, entraron en la esquina formada por las calles de Constantino y Leoncavallo, pasando por el viejo zaguán sin hacer ningún ruido, deslizándose en los dos departamentos que integraban la vieja casona, para ahí, pacientemente, acechar a sus presas.









