GAIA: SOMBRAS…
Cuando la vio descender del transporte, sabía que era el momento oportuno para hablar con ella pero no encontró las palabras adecuadas para hacer contacto.
Oculto junto a una banca de concreto trató de tocarla, esperando que ella lo viera para facilitar las cosas, más si algo aprendió de los seres humanos es que la sorpresa no es la mejor forma de acercarse a ellos.
El tiempo parecía detenerse mientras la contemplaba y cuando Ella se disponía a cruzar la calle extendió su brazo, para tocarla, más justo cuando hizo contacto, pudo ver que ellos estaban ahí, agazapados en los árboles en la acera de enfrente y debió retirar su mano rápidamente, golpeando su maleta, lo cual hizo bruscamente y apenas con tiempo para ocultarse entre tras el poste que iluminaba ese tramo de la calzada.

La conjunción estaba cerca de completarse y debía completar su misión, más no delante de ellos.
Debía esperar a que estuviera a solas para hablar con Ella.
Sin más que hacer, regresó a la oscuridad. Conocía el lugar a donde se dirigía y la prudencia le indicó que debía dirigirse a el lugar que Ella habita, la noche le proporcionaría el camuflaje perfecto para introducirse en sus habitaciones, por lo que era mejor retirarse a su propio aposento.
Una vez que todos se retiraron, emprendió el camino, el cual transitó sin contratiempos, siguiendo las vías del tren hasta su morada. Cruzó la desvencijada reja de acceso al edificio y subió las escaleras hasta su refugio, al cual entró sin hacer ruido.
Una luz proveniente de la calle iluminó brevemente el cuartucho, dejando ver las notas e imágenes pegadas en la pared. El tiempo se agotaba, y esta era la noche en que las piezas se empezaban a mover para darle forma a lo que estaba por suceder.
En su propio ambiente, las dudas que lo atormentaron durante años se agolparon de repente, y con la certeza de que sólo había una oportunidad de hacer lo correcto, se inclinó ante la ventana que mostraba la luna en todo su esplendor y así permaneció, tan silente como siempre, más quien lo viese ahora podría jurar que estaba viendo el cuadro de un santo que entraba en oración, invocando ayuda de un poder superior.
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