Para complementar algunas de las fotos y comentarios que ya publicamos, les comparto una reseña de las bandas que pude ver en el primer día del festival Vive Latino 2008. Cambió la distribución en el Foro Sol, el escenario de “en medio” fue cambiado a una chancha de futbol, ahora el principal (antes rojo/ahora verde) está en medio por así decirlo. La nueva locación del otro escenario (ahora rojo) favorece porque tiene vegetación alrededor y se ve bonito, un aire menos corporativo que los otros en definitiva, su defecto es que el campo levanta mucho polvo.
La primera banda fueron Los Mentas. No los había escuchado y ahora me pregunto porqué. Con trajes como de mesero/valet parking, y ya cuatro discos, este grupo venezolano toca un rockabilly bastante prendido, tirándole un poquito al psychobilly sin ser demasiado punk. Creo que a pesar de ser algo desconocidos fueron una gran sorpresa para la audiencia con sus buenas rolas (si les interesa ahora mismo estarán de gira aquí en México).

Foto: Toni Francois
En el escenario rojo se preparaba para subir Descartes a Kant. Es un poco impactante lo mucho que esta banda experimental -quizá no muy accesible- ha crecido a menos de un año de la presentación de su debut Paper Dolls. Pese a que los sets de festival son limitados, ellos tienen la ventaja de que sus canciones son muy cortas y se mantiene la energía. Además, atrajeron más gente que varias otras de las bandas que tocaran después en el mismo escenario. Había un slam violentísimo, su música ya digerida en rolas como “My Sweetest Headache Waltz” o “Hello Tarantino” (y un par de covers como “I Just Wanna Get Along” de las Breeders). En toda honestidad: no parecía un grupo de un disco. Descartes a Kant está pasando de ser esa joyita y ’secreto bien guardado del underground tapatío’ a una banda ampliamente reconocida y en el proceso están transmitiendo toda esa bipolaridad, ejecutando sus ritmos cambiantes de punk feroz a pop de colegialas a música de burlesque y de regreso en lapsos menores a dos minutos. Es un cáos controlado luchando a contracorriente de lo que se oye allá afuera y parece que los espacios masivos al fin cedieron a su encanto.
Mientras en el escenario principal salen Abulón y sus Six Million Dollar Weirdo. Para los que lo hemos visto con otros proyectos (Víctimas/Los Automáticos) sabemos que el hombre sale a reventarse la madre en el escenario. Lo hace bien pero creo que Six Million es el lado más sintético y melódico: prefiero verlo rockeando duro así que a ver que mas hay. En el azul estaba Pato Machete ante una audiencia poco nutrida, dando algunos buenos versos y no sólo con tornamesas sino con todo un conjunto de fondo (guitarra, percusion, batería y bajo). Rimas que ya han hecho su historia como “No se fracasa si existe un comienzo/ Ser transparente te transporta ileso”, levantando manos con su MC al son de un par de hits del hip-hop regio de Control Machete como ‘Si, Señor” y “Comprendes Mendes”.
En el escenario verde era el turno de The Wailers. Directo de Kingston un grupo de jamaiquinos que en algún momento fueran músicos de soporte de Bob Marley. El acto es buen reggae de las raíces, moviendo al público con un ritmo amarrado, un flow continuo. Simplemente exquisito. Se da un rico baile y es un deleite para escuchar. Nada revolucionario sino buenas interpretaciones del legendario por veteranos del género. Cerraron con “Jammin’”.
Y tratando de ver grupos que nunca había visto en vivo, fui al rojo en donde alcacé a ver sólo un pedacito de The Daniels. Letras en español y mucha energía, creo que pueden ser una buena propuesta de la nueva oleada de rock aquí en la Ciudad. Siguió un ensamble de Guadalajara: Troker. Probablemente de lo menos conocido de todo el festival, es un proyecto alterno de muchos músicos tapatíos (entre ellos de Eva Malva y Frankie, el baterista de Descartes). Tornamesa, trompeta, saxofón, bajo y teclado, la ausencia de guitarra no se nota ni por un segundo por la potencia de sus abstracciones jazzeras. Por un momento uno no sentía estar en el Vive, ya que el poco público, la vegetación de los alrededores y la alta experimentación sobre el escenario por parte de Troker le daban un toque bastante diferente a mucho de lo que había estado sonando. Se hacen cosas buenas en Guadalajara, en verdad una propuesta recomendable.
Continuará…









